viernes, 8 de marzo de 2013

Sueños de niñez


Recuerdo que cuando era más pequeño vivía con el ansia de salir a la calle con mi balón de reglamento para poder jugar. Tenía esos ojos soñadores que ven en el futuro la carrera meteórica de una estrella del fútbol, que también jugaba con la ilusión de ser alguien o ser nombrado por alguien, en algún lugar del planeta, tras marcar un gol. Era fácil nadie te impedía mirar al televisor y ver –cada sábado en abierto- reflejado tu rostro en la cara de aquellas estrellas. Los Craioveanu, Ilie o Piojo López jugaban con la inconsciencia que miles de pequeños les observaban desde el otro lado de la pantalla soñando con los ojos abiertos hacer algún días sus filigranas.

Hoy en día miles de niños se lanzan al campo cada sábado para disputar sus ligas comarcales, y  junto a ellos sus padres. Sí, sus padres esos jugadores frustrados que por un día a la semana se permiten el lujo de soñar, con el futuro de un Messi o un Villa. Unos padres que llevan a sus hijos con las últimas novedades en botas “aerodinámicas”, looks a lo Cristiano Ronaldo y los embadurnan de consejo y ordenes. De esta forma intentan que los más pequeños se conviertan en su sueño truncado, sin darse cuenta muchas veces, que tan solo están creándoles falsas esperanzas.

Perdonen mi ignorancia pero entiendo el deporte como un objeto para la diversión y para disfrutar. Hace años que práctico el deporte sin soñar, aunque haya perdido su magia, pero siempre como un sueño infantil, no un sueño inducido y provocado por la ambición de una figura paterna. Fue un sueño de niños.


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